Al iniciar el año 2026, América Latina y el Caribe (ALC) se encuentran en una fase decisiva de su desarrollo. Tras los hitos de la COP30, el desafío regional ha dejado de ser únicamente la movilización de capital para centrarse en la ejecución técnica. La infraestructura climática ha pasado de ser un concepto en las agendas internacionales a convertirse en un requerimiento operativo mandatorio en los pliegos de licitación y contratos de diseño.
La magnitud del reto es evidente en las cifras: según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 2024), la brecha de inversión en infraestructura en la región requiere aproximadamente el 3.12% del PIB regional anual (cerca de USD 200,000 millones) para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Sin embargo, el éxito de esta inversión depende de la capacidad de traducir los marcos de financiamiento verde en especificaciones técnicas de diseño que garanticen la durabilidad de los activos frente a un clima extremo.
La región es una de las más vulnerables del mundo ante el cambio climático. Datos de la CEPAL (2025) indican que los daños climáticos podrían costar a la región entre el 1.5% y el 5% de su PIB si no se implementan medidas de adaptación robustas. Ante este escenario, la ingeniería ya no puede basarse únicamente en registros históricos.
Los diseños deben alinearse con el Sexto Informe de Evaluación del IPCC (AR6), que proyecta un aumento en la intensidad de precipitaciones extremas en un 15% a 30% para diversas subregiones de ALC.
Las instituciones financieras exigen hoy que los proyectos demuestren una reducción tangible del riesgo. El Banco Mundial (2019) estima que cada dólar invertido en infraestructura resiliente genera un beneficio neto de USD 4 en ahorros por desastres evitados.
La carencia de series hidrometeorológicas actualizadas sigue siendo una barrera que Nippon Koei LAC mitiga a través del uso de tecnología de teledetección y modelación avanzada.
La ingeniería de adaptación es el puente que permite que un proyecto sea técnica y financieramente viable. Las mejores prácticas actuales que aplicamos en la región se centran en tres pilares:
Ya no es suficiente diseñar para un solo evento. Los términos de referencia modernos exigen:
La integración de «infraestructura verde» ha demostrado ser altamente costo-efectiva. El informe IDEAL de CAF (2024) destaca que la implementación de sistemas de drenaje urbano sostenible (SUDS) y la bioingeniería en taludes no solo reducen el riesgo de inundaciones y deslizamientos, sino que disminuyen los costos de mantenimiento a largo plazo hasta en un 20%.
Para acceder a bonos verdes, la ingeniería de terreno debe reducir su huella de carbono. Esto incluye la optimización logística en obra y el uso de materiales con baja energía embebida, alineándose con las estrategias de descarbonización que ya implementan países como Chile, Colombia y Costa Rica.
En 2026, la tecnología es el validador de la inversión. En los proyectos acompañados por Nippon Koei LAC, la aplicación de herramientas digitales asegura la transparencia y el cumplimiento de metas:
Permiten simular el comportamiento de una obra ante eventos extremos, reduciendo errores de diseño en la fase de pre-construcción.
Fundamental para el monitoreo preventivo de infraestructuras críticas en zonas de difícil acceso, detectando deformaciones estructurales antes de que se conviertan en fallas catastróficas.
Algoritmos que procesan grandes volúmenes de datos para identificar los nodos de infraestructura social con mayor retorno de inversión en términos de resiliencia comunitaria.
El involucramiento comunitario reduce costos de vigilancia, promueve el mantenimiento y asegura continuidad en el largo plazo.
Los caminos vecinales también cumplen un rol estratégico en adaptación al cambio climático:
· Garantizan acceso durante emergencias.
· Facilitan rutas de evacuación.
· Conectan centros de acopio, salud y respuesta temprana.
· Soportan logística de crisis en eventos extremos.
En zonas donde las lluvias extremas se incrementan entre un 15% y 30% (estimaciones de IPCC para ALC), los caminos rurales requieren diseños más robustos, drenajes sobredimensionados y mantenimiento intensivo en época húmeda.
La infraestructura resiliente no solo requiere mejores planos, sino instituciones más fuertes. La sostenibilidad de las Alianzas Público-Privadas (APP) en 2026 depende de una gobernanza técnica que entienda que la inversión en adaptación es la única forma de proteger el capital social de la región.
En Nippon Koei LAC, estamos convencidos de que la ingeniería es el motor para cerrar las brechas de desigualdad. Al transformar la política climática en obras sólidas y sostenibles, no solo construimos puentes o sistemas de agua; construimos la seguridad y el futuro de América Latina y el Caribe.