La infraestructura del futuro debe prepararse para un clima que ya cambió

Una carretera, un puente o una planta de tratamiento pueden permanecer en funcionamiento durante varias décadas. Sin embargo, las condiciones ambientales bajo las cuales fueron diseñados pueden cambiar considerablemente durante ese período.

Las variaciones en los patrones de precipitación, las temperaturas extremas, el aumento del nivel del mar y otros efectos del cambio climático están modificando las condiciones de exposición de numerosos sistemas de infraestructura.

Esto plantea una pregunta fundamental para la ingeniería: ¿cómo diseñar y gestionar activos de larga vida útil cuando las condiciones futuras ya no pueden asumirse como una continuación estable del pasado?

La respuesta exige incorporar la adaptación climática desde las primeras decisiones de planificación y mantenerla durante todo el ciclo de vida de los proyectos.

La resiliencia deja de ser una característica adicional para convertirse en un criterio esencial del desempeño de la infraestructura.

El pasado ya no es suficiente para definir el futuro

Tradicionalmente, numerosos parámetros de diseño se han establecido utilizando registros históricos de variables ambientales.

  • Precipitación

  • Temperaturas extremas

  • Nivel del mar

  • Movimientos en masa

Estos datos continúan siendo indispensables, pero el cambio climático obliga a reconsiderar la manera en que se utilizan para estimar condiciones futuras.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha documentado cambios observados y proyectados en diferentes amenazas climáticas, así como sus implicaciones para los sistemas humanos y naturales.

Las características de estos cambios varían entre regiones, por lo que las decisiones de infraestructura requieren información climática pertinente para cada territorio.

En el caso de los sistemas de drenaje, por ejemplo, las variaciones en los patrones de precipitación pueden modificar las condiciones que deben considerarse durante su diseño y operación.

En infraestructura de transporte, las temperaturas extremas, las inundaciones y los movimientos en masa pueden afectar la seguridad, la disponibilidad y los costos de mantenimiento.

El desafío consiste en integrar escenarios futuros sin asumir que existe una única proyección capaz de describir con certeza las condiciones que enfrentará un activo.

Resiliencia no significa únicamente construir estructuras más resistentes

La resistencia física es un componente importante, pero no representa por sí sola la totalidad de la resiliencia.

  • Anticipar amenazas

  • Absorber impactos

  • Mantener funciones

  • Recuperar la operación

Una infraestructura resiliente debe contar con capacidades para anticipar amenazas, absorber impactos, mantener funciones esenciales y recuperar su operación después de una interrupción.

Esto exige considerar tanto el comportamiento de los componentes físicos como las condiciones operativas e institucionales que permiten responder ante eventos adversos.

El informe Lifelines, publicado por el Banco Mundial en 2019, plantea la importancia de comprender la resiliencia de los sistemas de infraestructura a partir de la continuidad y confiabilidad de los servicios que proporcionan.

Desde esta perspectiva, el análisis no se limita a determinar si una estructura puede resistir determinado evento.

También debe evaluar cuánto tiempo podría permanecer fuera de servicio, qué población resultaría afectada y qué alternativas permitirían reducir las consecuencias de una interrupción.

Una carretera puede conservar parte de su integridad estructural después de una inundación y, aun así, dejar incomunicadas a determinadas comunidades.

Del mismo modo, una instalación de abastecimiento de agua puede sufrir daños relativamente limitados, pero enfrentar dificultades operativas si se interrumpe su suministro energético.

La resiliencia requiere comprender estas relaciones.

La adaptación debe comenzar en la planificación

Incorporar criterios climáticos únicamente durante el diseño detallado puede limitar las alternativas disponibles.

  • Localización

  • Trazado

  • Tecnología

  • Capacidad

  • Configuración

Las decisiones sobre localización, trazado, tecnología, capacidad y configuración de un proyecto condicionan su exposición futura y sus posibilidades de adaptación.

Por ello, la evaluación de riesgos climáticos debe comenzar durante la identificación y formulación de las inversiones.

Este proceso permite reconocer amenazas relevantes, analizar vulnerabilidades y comparar alternativas considerando diferentes escenarios.

También facilita identificar medidas que pueden implementarse desde el inicio y otras que podrían incorporarse posteriormente, si las condiciones evolucionan.

La planificación adaptativa resulta especialmente útil cuando existe incertidumbre sobre la magnitud o el momento en que se manifestarán determinados impactos.

En lugar de depender exclusivamente de una solución fija, este enfoque contempla mecanismos de seguimiento y posibles ajustes durante la vida útil del activo.

Su aplicación requiere establecer indicadores, responsabilidades y condiciones que permitan revisar oportunamente las decisiones.

La naturaleza también puede formar parte de la solución

La adaptación climática no depende exclusivamente de intervenciones estructurales convencionales.

  • Retención de agua

  • Control de la erosión

  • Regulación térmica

  • Espacios verdes

Las soluciones basadas en la naturaleza pueden complementar determinadas infraestructuras mediante funciones como la retención de agua, la reducción de la erosión o la regulación térmica.

En entornos urbanos, por ejemplo, los espacios verdes y las superficies permeables pueden contribuir a gestionar parte de la escorrentía, dependiendo de sus características y condiciones de diseño.

En zonas costeras, determinados ecosistemas pueden proporcionar beneficios de protección frente a amenazas específicas.

Estas soluciones requieren evaluaciones técnicas, ambientales y económicas para determinar su pertinencia.

No sustituyen automáticamente las obras convencionales ni resultan adecuadas para todos los contextos.

Su valor aparece cuando se integran dentro de estrategias que consideran las condiciones del territorio y combinan diferentes mecanismos de reducción del riesgo.

El costo de la infraestructura debe evaluarse durante toda su vida útil

La adaptación climática también transforma la manera de evaluar económicamente los proyectos.

  • Costo de ciclo de vida

  • Escenarios de exposición

  • Inversión preventiva

  • Robustez de alternativas

Una alternativa con menor inversión inicial puede generar mayores costos de mantenimiento, interrupciones o rehabilitación si no considera adecuadamente los riesgos futuros.

Por ello, la evaluación debe incorporar costos y beneficios durante todo el ciclo de vida, incluyendo escenarios de exposición climática.

Este enfoque permite comparar inversiones preventivas con los posibles costos asociados a fallas, pérdidas de servicio y recuperación.

La incertidumbre exige analizar diferentes escenarios y examinar qué tan robustas resultan las alternativas frente a ellos.

Para América Latina y el Caribe, donde las necesidades de infraestructura deben atenderse con recursos limitados, estas evaluaciones pueden contribuir a orientar inversiones hacia soluciones que mantengan su funcionalidad durante más tiempo.

La experiencia de Nippon Koei LAC en proyectos de transporte, recursos hídricos y saneamiento ofrece un contexto técnico desde el cual comprender la importancia de integrar las condiciones territoriales, ambientales y operativas en la planificación de infraestructura de largo plazo.

La adaptación climática no termina cuando concluye la construcción.

Los sistemas de monitoreo, las inspecciones, los registros de operación y la actualización de evaluaciones de riesgo permiten identificar cambios y revisar las estrategias de gestión.

Diseñar para el futuro exige aprender durante el presente

Esto conecta la resiliencia climática con los otros desafíos abordados en esta serie: la interdependencia entre sistemas y la necesidad de utilizar información para mejorar las decisiones.

Una infraestructura puede estar técnicamente preparada para determinadas amenazas, pero su desempeño dependerá también de los servicios que la rodean y de la capacidad de sus responsables para responder a condiciones cambiantes.

El futuro de la infraestructura no puede definirse únicamente a partir de las condiciones conocidas al momento de diseñarla.

La verdadera resiliencia consiste en desarrollar sistemas capaces de mantener sus funciones esenciales, aprender de las condiciones cambiantes y adaptarse antes de que los riesgos se conviertan en interrupciones críticas.